Cuando la restricción es ambigua, ante un virus que no perdona

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Ver las hileras de vehículos en las inmediaciones del Parque Cabañas, entre otros sectores de la ciudad , genera todo tipo de reacciones en gran parte de la población.

Por un lado la comunidad atraviesa días de angustia, de pérdidas irreparables, de temor por cómo seguirán siendo las próximas jornadas en medio de una aceleración de casos positivos que rebalsó la capacidad de respuesta sanitaria en el distrito, y que arrebató 160 vidas, al día de hoy, desde el comienzo de la pandemia.

Por otro la necesidad de escaparle al encierro y de socializar que muchos tienen aún tentando al contagio; es aprovechado por otros que desprecian toda recomendación y cuidado ante la pandemia que muestra -por estos días en Tres Arroyos- su cara más oscura.

No deja de sorprender el volumen de autos y de personas que socializan aún al aire libre, pero también -y lo más importante- que no haya presencia del Estado recomendando cumplir con las normas de emergencia que lamentablemente vaciaron de contenido a palabras tan importantes como ‘esencial’ o ‘proximidad’, dejando en manos de la población estirarlos tanto como sea posible, en medio de una feroz embestida del coronavirus que no deja de oprimir a un país que tiene aún un recorrido por delante para tener a su comunidad inmunizada.

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