En Cosas que pasan, la arquitecta Paola Salerno, Secretaria Municipal de Planeamiento Urbano, brindó detalles sobre la obra que busca erradicar problemas de décadas bajo el suelo tresarroyense.
La noticia se dio a conocer tras un extenso proceso técnico de un año y medio de gestiones e intercambios entre el municipio y el gobierno de la provincia de Buenos Aires. La resolución finalmente permite avanzar con el recambio de cañerías en el cuadrante oeste de la ciudad, sobre el cuadrante de la Plaza del Arbol o Pellegrini.
“Se hizo una modelación de la red que da un montón de datos, como por ejemplo, dónde se provoca la mayor cantidad de fugas o cuál es la parte más estropeada”, explicó Salerno, justificando la elección de este sector para iniciar los trabajos.
Uno de los puntos más críticos de la obra es la antigüedad del sistema actual. Las cañerías datan de 1964 y están fabricadas de asbesto cemento, un material hoy prohibido debido a la toxicidad de sus partículas en caso de movilización.
Para minimizar el impacto ambiental, Salerno confirmó que el 90% de los caños viejos quedarán enterrados, siguiendo las recomendaciones de las autoridades de Medio Ambiente.
En su lugar se instalarán 27.000 metros de cañería de PVC con junta elástica, un sistema moderno que permite absorber los cambios de presión sin provocar las roturas que hoy padece la red.
Números y logística de una obra de largo aliento
La magnitud del proyecto es significativa para este primer 25% de la obra total y comprende 27.000 metros de cañería a reemplazar, 5.000 metros de troncales, 3.290 conexiones domiciliarias nuevas y casi 200 válvulas (exclusas y de incendio).
Aunque la licitación es armada por la DIPAC (Dirección Provincial de Agua y Cloacas), el municipio tendrá un rol activo en el control. “Nosotros vamos a tener una tarea como de inspectores y control de obra. Vamos a estar todos los días conjuntamente para ir informando y controlando a la empresa ganadora”, señaló la Secretaria de Planeamiento.
Se espera que los primeros días de abril personal de la DIPAC visite la ciudad junto a los oferentes interesados para realizar la recorrida técnica obligatoria.
Asimismo Salerno fue directa respecto a las molestias que causarán los trabajos, que se estiman podrían durar unos 36 meses. Al ser una obra que implica romper calles y alterar el tránsito, el impacto en la vida diaria del vecino será inevitable. Además, por su envergadura, la obra trascenderá la gestión actual.
“Es una obra que ya se debería haber hecho hace muchísimos años”, enfatizó la arquitecta, señalando que el estado actual de la red es insostenible. El beneficio final, aunque “no llene el ojo” por estar bajo tierra, se traducirá en una mejora notable en la presión del agua, la eliminación de fugas y una mayor calidad del fluido, especialmente en épocas de alto consumo como el verano.






