24 Horas: 61 años de historia

0

Por Claudio Menendez

Cómo un grupo de amigos formó un equipo de caza, y terminó dándole vida al concurso de pesca más grande de Sudamérica en aguas abiertas.

Fotos: Gerardo García, Alfredo Mariezcurrena

Las 24 Horas de la Corvina Negra cumplen 61 años en este 2023. Hay una gran historia, que como siempre suele suceder, comenzó con una pequeña anécdota. Un grupo de amigos pasó de formar un equipo para salir a cazar, luego un club, terminó dándole forma a un certamen pesquero de trascendencia internacional.

REGARTULCHAHOE

A fines de la década del 50 un grupo de amigos decide formar un equipo de caza para competir en torneos que por entonces se realizaban. Eran los hermanos Re, García, Chachero, Hoe y Tula. Lo bautizaron con la primera sílaba de los apellidos que lo formaban, y así nació REGARTULCHAHOE. Un nombre acaso impronunciable, pero que fue el germen de lo que vendría después. El equipo se fue afianzando en las competencias de caza en las que participaba, y surgió la necesidad y la idea de darle forma legal. Nacíó de esta manera el Club Cazadores Tres Arroyos, en la carpintería de Emilio García, en calle Lucio V. López de Tres Arroyos. Por iniciativa de Ernesto Re, le pusieron fecha de fundación el mismo día del cumpleaños de Emilio, 16 de agosto.

La pesca de corvinas negras de gran porte era moneda corriente

Pero los cazadores a su vez eran pescadores. Dos de ellos también eran maestros de carpintería en la Escuela Técnica de Tres Arroyos, por aquel entonces llamado “el Industrial”. Emilio García y Eber Chachero eran apasionados por la pesca, y cuando no cazaban se hacían la escapada a Claromecó para despuntar el vicio. Una tarde, al caer el sol, estaban en la zona del Médano Verde, probando suerte, como lo hacían regularmente.

La extracción de corvinas negras era estupenda por aquel entonces, sobre todo en esa zona. Todo el que medianamente se diera maña con la caña y tuviese la posibilidad de movilizarse hasta ese lugar estratégico, tenía la gran chance de traerse al menos un ejemplar, que rondaba promedio los 10 kilos o más. Llegando a sacarse corvinas negras de más de 30 kilogramos, e incluso alguna superior a los 40. Si el mar estaba calmo, y si encima había alguna brisa suave del sur que clarease el agua, la pogonia chromis, tal su nombre científico, se acercaba a la costa en horas del atardecer para comer su plato preferido: la almeja. Son muchos los relatos que describen cómo se veían las colas de las corvinas comiendo almejas detrás de la rompiente.

La tarde que cambió la historia para siempre


García y Chachero estaban en ese menester, tratando de cobrar alguna de las fabulosas piezas. Siempre emprendedores, con ideas renovadoras y con iniciativa, uno de ellos, nunca se sabrá quién porque nunca lo especificaron, al ver la cantidad de pesqueros que bajaban a la playa para probar suerte igual que ellos, tiró una idea: “tendríamos que organizar un concurso de corvina negra”. Ellos no lo sabían, pero aquellos profesores de carpintería estaban cambiando la historia de Claromecó para siempre.

Llevaron la idea a la comisión directiva del club que integraban y que habían fundado. Por supuesto a los muchachos, igual de emprendedores que ellos, les gustó el desafío. Pero redoblaron la apuesta, no hicieron un concurso de 6 horas, ni de 10, ni de 12. No. De 24 horas, nada más ni nada menos, para achicarse había tiempo.

Los primeros 58


Fue así que en 1962 se inicia esta historia de más de 60 años. 58 inscriptos, un reel de primer premio, un pequeño refugio como sede del certamen. Así, muy humilde pero con la misma seriedad que jamás dejó de tener, el concurso nació. Y lo ganó uno de los fundadores, uno de los que había tenido la idea: Ever Chachero. Como no podía ser de otra manera, venía con Emilio García en su Estanciera. Era el domingo, día del cierre del certamen, faltaba poco, algo más de una hora. Los participantes y a su vez organizadores (en aquellos primeros momentos había tiempo para todo, luego por la envergadura que tomó el evento ya no lo habría), se habían corrido de lugar buscando algún pique salvador sobre el final. Y así fue que Chachero decidió probar suerte en cercanías del Faro, bien cerquita de la población, como última esperanza, aunque sea para pasar el rato que quedaba antes de la finalización.

Y se dio nomás, una corvina negra de 19 kilos inauguraba el historial. Chachero se consagraba como el primer ganador y se llevaba el módico premio, pero por sobre todas las cosas la satisfacción de haber competido y ganado.

Inaugurando el folklore de Las 24 Horas, en aquel concurso no se daba la lógica. La pieza ganadora no salía en el lugar que todos pensaban. En los años siguientes sí pasó que el pez ganador apareció donde se preveía, en zonas como El Letrero, Médano Verde o directamente en la playa de Dunamar. Ya que en los primeros concursos se podía pescar casi hasta en zona de baño. Porque además de la inédita duración de un día entero, el Club Cazadores también estableció a lo grande la denominada “cancha” de pesca, es decir, el lugar permitido para participar. Desde el Barco Hundido en Reta, hasta el Quinto Salto en inmediaciones de Orense. Es decir, prácticamente la costa completa del partido de Tres Arroyos.

Don Ladislao, y Popi Guido

En 1966 se superó la cifra de los 100 inscriptos, 116 para más exactitud. En 1968, una de las grandes anécdotas de las miles que hay: ganó Boleslaw Trybuchowicz, un inmigrante polaco que había huido de la Segunda Guerra y del horror del nazismo, estableciéndose primero en Florencio Varela y luego en Claromecó, particularmente en Dunamar. Como todo inmigrante en aquellos tiempos, se le puso un nombre castellanizado, por ende en Claromecó todos lo conocían como “don Ladislao”.

El hombre pescó una corvina negra de más de 23 kilos faltando poco para el cierre del concurso, en la misma playa dunamarense. Pero no tenía vehículo, por lo que decidió cargar al hombro la pieza y emprender el viaje hasta el refugio del Club Cazadores, ubicado en la Costanera de Claromecó.

En el camino lo vio Ricardo Héctor “Popi” Guido, otro actor fundamental en la historia del certamen. Porque siempre lo cubrió como periodista, ya sea del diario La Voz del Pueblo como de la radio LU 24. Fue el único en tener el historial completo. Tiempo después se convirtió en la voz oficial de Las 24 horas, siendo el conductor de la entrega de premios, y el hombre que realiza el lanzamiento oficial y el cierre del certamen.

Si, porque la presencia de Popi continúa, más allá que ya no esté físicamente en este mundo. Guido continúa siendo el lanzador oficial del certamen. Su voz grabada, con la cuenta regresiva y la largada, se escuchan hasta el día de hoy en cada edición.

Lo cierto es que “Popi” lo vio a don Ladislao con la corvina al hombro y lo llevó hasta el podio, prácticamente cerrando el concurso. Quedó para la anécdota y la incógnita el pesaje original de la pieza, ya que en la báscula acusó más de 23 kilogramos. Pero teniendo en cuenta que el pez pierde peso una vez extraído del agua y con todo el tiempo que le llevó al ganador acudir hasta la sede, puede suponerse que esa corvina pesaba más de 25 kilos largamente.

Década del ´70, gana una dama, boom de Claromecó, y empieza un clásico: mal clima

En 1970 comenzó el denominado “boom” de Claromecó. La localidad tuvo un cambio fundamental con la llegada de la ruta asfaltada. El turismo se potenció como nunca antes, y la construcción comenzó a crecer exponencialmente. Fue la época de la “casa chorizo”, la gente hacía viviendas pequeñas, generalmente un garaje con cocina, baño y alguna que otra habitación. Viviendas modestas para pasar el fin de semana. Todos quienes tenían la posibilidad emprendían la aventura de tener casa en Claromecó. Un boom similar ocurrió más tarde a mediados de la década del 2000, donde se dio el otro gran crecimiento de la localidad.

Lo cierto es que todo eso se trasladó al concurso, que a partir de ahí empezó a crecer a pasos agigantados. En el ´70 la cifra de inscriptos ya superó los 200. Además fue la primera vez que ganó una dama: Elena de Stornini, con una corvina de 920 gramos extraída en el Médano Verde. Ese exiguo pesaje en comparación a los más de 20 kilos promedio que tenían las piezas que venían ganando se debe a otra circunstancia que paradójicamente también se asociaría de allí en más con el concurso: el mal clima.

El certamen se ha organizado en el mes de marzo, en febrero, luego en enero, y nuevamente en febrero, como en la actualidad. Pero hay algo que lo persigue, casi indefectiblemente, que es la adversidad climática. Eso genera aún más admiración en los organizadores y en los participantes, que estoicamente han tenido que soportar 24 horas con temporales, marejadas, lluvias, frío. Son muy pocas las ediciones (y hay 60 para elegir) donde el clima ha estado realmente bueno. Casi siempre se ha tenido que luchar, principalmente con los vientos y las bajas temperaturas.

Nace «la locura de Las 24».

Para el año ’74 ya eran más de 300 las cañas participantes, y un año después la cifra superaba las 400, y en el ’75 más de 600, siempre en ascenso. Las 24 Horas de la Corvina Negra, o directamente “La Corvina” como mucha gente le dice, ya eran todo un clásico. Los premios habían también subido, aunque no tenían la importancia actual. Había casillas rodantes o Estancieras para los primeros.


A partir de 1978 el concurso se hizo grande en serio. Superó los mil inscriptos, 1317 en total, y al año siguiente más de 1800. Para el año 1980 ya fueron 2855 las cañas, es decir, en muy poco tiempo el evento duplicaba la cantidad de participantes, comenzaba la “locura de Las 24”. Con la gente que acampaba días antes para conseguir un buen lugar. Para el año ´81 ya eran más de 4000, para el ’83 más de 5200, nada parecía detener al Club Cazadores y su gran concurso. Desde luego que comenzaron a organizarse otros certámenes, también exitosos y muy recordados, como Las 18 Horas del Club de Pesca Tres Arroyos, o Las 16 Horas de Huracán.

Récord de inscriptos, récord de peso

En 1984 se superó la cantidad de 6000 cañas, y en el ’87, el récord hasta el momento: 6862 participantes. Previamente, en 1983 se había establecido el récord de peso de una pieza ganadora, vigente hasta hoy. Aquel año, Abraham Van der Horst obtuvo una corvina negra de 25 kilos y medio en la zona del Salto de Christian.


Fueron los tiempos dorados del concurso, ya con autos cero kilómetro en los primeros premios. Porque además de estos atractivos, existía otro, pero para el público: la largada. A cada pescador se le daba un número de inscripción, que luego sería reforzado con la oblea para la caña, y actualmente también con la pulsera identificatoria, siempre apuntando a la seriedad y la transparencia. El tema es que ese talón que certificaba la participación era entregado minutos antes del comienzo del certamen, es decir que al momento del lanzamiento había que estar obligatoriamente en la sede del Club Cazadores.

Abraham Van der Horst recibe su trofeo

La recordada «largada de Las 24»

Esto generaba un espectáculo formidable. Siendo las 16 o a veces las 17 horas en punto, sonaba una sirena, acompañada por la transmisión de radio, y encabezada por una autobomba de Bomberos, se producía la largada del evento. Una enorme fila de vehículos se lanzaba hacia la aventura. En realidad eran básicamente dos las hileras, una hacia los Saltos de Piedra, que iba por las calles internas del Vivero con salida hacia el Pozo de Alonso o el Segundo Salto, y la otra hacia Dunamar. Para luego encarar El Letrero, Médano Verde, Caracolero, Médano Blanco y demás.

Precisamente ahí, en la bajada de Dunamar, se daba acaso el show más emocionante de la famosa largada. La gente se agolpaba de a miles para observar el paso de los vehículos, que con el correr de los minutos, iban dejando un huellón de arena que provocaba encajaduras de todo tipo. Cabe destacar que muy pocos tenían tracción 4×4, generalmente eran pesqueros, Jeeps, Estancieras, pero también había autos de calle, motos, hasta bicicletas. El espectáculo era tal que muchos bajaban disfrazados, o con carteles y pancartas con inscripciones como “Este año la negra es mía” y cosas por el estilo.

Cambian los tiempos

Todo fue cambiando con el tiempo. El club organizador debió suspender las largadas porque constituían un peligro, tanto para los participantes como para los espectadores. Además significaban una desventaja para los que largaban últimos, porque llegaban a destino en algunos casos hasta tres horas después que los primeros, es decir, perdían valioso tiempo de competencia.

Comenzó a realizarse la largada simultánea, desde todos los sectores de la playa. Aquí comienza también la historia de la RCC y la Transmisión Gigante. Los pescadores se enteran por intermedio de la radio del momento exacto del lanzamiento. El tradicional «plomo a la aire», y la voz de “Popy” Guido realizando el conteo, aún hasta hoy, como ya se dijo, con una grabación.

Desde aquel 1987 la cifra de inscriptos comenzó a bajar, los vaivenes de la economía siempre presentes en el país, influyeron en el desarrollo del evento. El club debió agudizar el ingenio para mantenerse siempre en lo más alto en materia de concursos de pesca. Nació así el certamen paralelo a la variada, o a la pieza de mayor peso. Esto es para darle la posibilidad al pescador de obtener alguna otra pieza que no fuere corvina, y también poder llevarse un premio.

Pago anticipado y sorteo entre todos los participantes

Las últimas estrategias puestas en marcha por el Club Cazadores, luego siempre implementadas en el resto de los concursos fueron dos: el sorteo especial por pago anticipado, y el sorteo general entre todos los participantes. El pago anticipado garantiza al organizador “salvar” el concurso antes de que se haga, es decir, incentivando al pescador a anotarse en los meses previos con un premio especial, generalmente un coche cero kilómetro (ahora una camioneta). Para el día del evento hay una cifra tal de inscriptos que ya cubre la totalidad de los premios.

El segundo sorteo es aún más atractivo, entre todas las cañas hay un premio grande. Esto provoca que además de un certamen pesquero, también sea una especie de rifa, porque el azar juega un rol preponderante. Entonces hay quienes compran la inscripción pero no van a pescar. Simplemente aguardan el sorteo final, donde pueden hacerse acreedores a un vehículo cero kilometro si moverse de sus casas.

Estas estrategias se pusieron en marcha porque entre los motivos de la caída en las cifras de inscriptos estaban quienes argumentaban que se les hacía muy difícil estar todo un día y toda una noche a la vera del mar. A veces sin los implementos necesarios, y además sostenían que en tales circunstancias sólo el pescador avezado de la zona puede capturar alguna pieza ganadora.

Para dar la chanche a todos, sean o no de la zona, sepan o no de pesca, surgieron estos sorteos especiales. Además, la corvina negra en sí ya casi no aparece por las costas de Claromecó, Reta y Orense. Diversas circunstancias como la desaparición de las almejas, han provocado que el soñado pez no se acerque demasiado a la costa. La negra aparece de vez en cuando en el clasificador. Generalmente son siempre blancas o también llamadas doradas. Pero la chance está para todos.

Un 50 y un 50

Siempre se dice que este certamen tiene un 50 y otro 50%. Uno es la sabiduría o pericia del pescador, el restante porcentaje es la suerte. Ejemplos: en la edición 2006, cuando José Luis Iriarte obtuvo una corvina de más de 4 kilos y se convirtió en el ganador. ¿Quién era el susodicho? Un sacerdote oriundo de Brandsen, que vivía y trabajaba en Brasil, que se anotó en el concurso por la fama que tiene, y era la primera vez en su vida que empuñaba una caña de pescar.

Carlos Alzogaray y Los Pomelos

En 2020 se produjo otro de los momentos mágicos del certamenCarlos Alzogaray, salteño de nacimiento, mendocino por adopción, llegó a Claromecó junto a la «Banda de los Pomelos». Una travesía que no estuvo exenta de dificultades mecánicas y por ende, económicas. Alcanzó a tomar un pasaje desde Mendoza a Neuquén porque una persona lo había cancelado. De Neuquén se vino con la Banda de los Pomelos y ahí se les rompió el Corsa. Gente humilde, laburante, llegó con lo justo y hasta le faltaron 100 pesos para la inscripción. Preguntó dónde se podía ir a pescar, tenía experiencia en río, pero nula en el mar.

Fue entrevistado por la RCC al momento de inscribirseLa radio lo asesoró de encarnar con langostino, porque no sabía. Había estado mirando videos de Youtube para aprender a pescar en el mar. El resultado ya es conocido: en la última hora de concurso Carlos pescó una negra de 1,616 kilos en La Virgencita. No sabía que era una pogonia cromis, le dijeron los pescadores que estaban a su lado, al grito de «loco, ganaste el concurso».

Alzogaray se llevó una de las mayores ovaciones que recuerde el podio de la Corvina Negra. Como el penal de Gonzalo Montiel en la Final de Qatar, que sentimos que lo metimos todos. Con Carlos ganamos todos, así lo sintió la gente.

La pandemia, única suspensión

La algarabía duró realmente muy poco. Tan sólo un mes después de aquel episodio, el mundo entró en una crisis jamás vivida. La pandemia de Coronavirus paralizó al mundo. La incertidumbre y el miedo reinaron globalmente. Todo quedó en suspensión. Hacia fin de año, había menos restricciones en cuanto al confinamiento, pero con un alarmante aumento de casos en la región. La Municipalidad convocó a una reunión a todas las entidades que organizan eventos en verano. De común acuerdo se estableció suspender todo lo que fuese masivo. Incluidas por supuesto, Las 24 Horas de la Corvina Negra.

Por única vez no se hizo el concurso. La que iba a ser la 60° edición, debió esperar un año más. Y en 2022, todavía con la pandemia acechando, y con restricciones, el concurso volvió. Acaso más chico, ante la incertidumbre que todavía estaba presente. Pero la fiesta de la pesca pudo volver a vivirse.

2023

En esta ocasión, el Club Cazadores decidió tirar la casa por la ventana. Puso una Toyota 4×4 como primer premio. Más dos camionetas 4×4, más 3 autos cero kilómetro. Seis vehículos en total. 50 premios en el clasificador de corvinas, otros 10 en la variada, 15 más por pago anticipado. A eso se suman los especiales a damas, cadetes, y socios, y tresarroyenses, y las recompensas por las bolsas de residuos.

Impactante. Y el pescador deportivo volvió a responder. Una cifra asombrosa tuvo el pago anticipado que cerró la semana pasada. 3901 inscriptos, lo cual ya garantiza el éxito del certamen, y augura una de las grandes ediciones.

Feónmeno social

La idea de Chachero y García se llevó a cabo. Probablemente ni en sus mejores sueños aquellos pioneros, aquellos muchachos emprendedores que formaron el REGARTULCHAHOE pensaron en lo que terminarían construyendo. Idearon un concurso de pesca, pero lograron mucho más que eso, generaron un fenómeno social.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here