El ingeniero forestal Alejandro Camporini, radicado en Claromecó, viene desarrollando desde hace años un proyecto productivo poco conocido en la región: el aprovechamiento del Pinus pinea, conocido como pino piñonero, cuya semilla —el piñón— tiene alto valor gastronómico y comercial, especialmente en Europa.
En Cosas que pasan, Camporini contó cómo surgió su vínculo con esta especie. “Desde chico, por una cuestión cultural familiar, ya conocía el uso del piñón en la cocina. Después, cuando estudié y volví a la zona, empecé a incorporarlo en proyectos forestales”, explicó.

El pino piñonero no es el más común en la costa atlántica bonaerense, pero sí está presente. A diferencia de otras especies, su valor no radica en la madera sino en su fruto. “El producto que se consume es la pepita, el piñón blanco. Se utiliza mucho en gastronomía, en pastelería y en recetas tradicionales como el pesto genovés”, detalló.
Camporini logró incluso exportar producción a Europa, particularmente a España. Sin embargo, el proceso no es sencillo ni rápido. “Desde que se planta hasta que empieza a dar fruto pueden pasar entre 8 y 10 años. Y después la piña tarda alrededor de dos años en desarrollarse completamente”, indicó.
La cosecha también tiene sus particularidades. Se realiza entre fines de otoño y primavera, cuando la piña está madura pero aún cerrada. “Se sube al árbol, se bajan las piñas, se dejan secar al sol para que se abran y luego se procesan para extraer la semilla. Es un trabajo bastante artesanal”, describió.
En cuanto al rendimiento explicó que no es elevado: “De unos 5.000 kilos de piñas se pueden obtener aproximadamente 500 kilos de producto comestible”.
Actualmente el ingeniero trabaja en plantaciones en distintos puntos de la costa y en un proyecto más amplio en el partido de Coronel Dorrego, donde ya se implantaron grandes cantidades de esta especie. También participó en forestaciones en Reta y otras localidades cercanas.
Más allá de la exportación Camporini ve potencial en el mercado interno. “Hoy en Argentina hay poco consumo, pero está creciendo. Muchos chefs ya se están interesando porque es un producto que generalmente se importa, cuando podría producirse localmente”, señaló.
En ese sentido destacó la importancia de difundir su uso y valor. “Muchas veces vemos la piña como algo sin importancia, hasta para prender fuego. Pero en realidad tiene un potencial enorme que todavía no conocemos del todo”, concluyó.






