En marzo finaliza la actual concesión en el parador Posta del Faro de Claromecó. En una emotiva charla en Cosas que pasan, Agustín Gómez Ferrari, contó cómo enfrena ésta etapa junto a su familia
Después de una década y media al frente de uno de los puntos más emblemáticos de la costa claromequense, Agustín Gómez Ferrari se prepara para despedirse de la concesión del parador Posta del Faro. Lo que comenzó como un proyecto de vida junto a su esposa Catalina Urbieta, cuando apenas tenían 30 años, hoy se transforma en un “duelo sano” tras haber marcado de manera especial y comprometida una época de servicios de playa en Claromecó.
El comienzo
La historia de Agustín con el parador no fue planeada a largo plazo desde el inicio. Él, oriundo de Bolívar, y Cata, de La Plata, buscaban un lugar neutral para casarse y eligieron Claromecó. Llegaron a Claromecó para casarse y, apenas dos o tres meses después de la boda, surgió la licitación del lugar. Decidieron arriesgarse y tomaron un parador que, en aquel entonces, se encontraba en condiciones de abandono y deterioro.
La transformación
Desde la primera temporada, el cambio fue notorio. Siendo los dos arquitectos lograron darle un impulso y cambio notorio al espacio. No se limitaron a lo estético; apostaron a abrir más allá de la temporada, apuntando a romper con la estacionalidad.
“Fuimos nosotros los que apoyamos a la cuestión política… nosotros seguimos estando y ellos son los que han ido cambiando”, reflexionó Agustín sobre el paso de distintas gestiones municipales mientras el parador se mantenía firme.
Entre las mejoras más valoradas por los vecinos destacaron la creación de accesos seguros, como las bajadas para personas mayores, un gesto de “bondad y respeto hacia el visitante” que definió el estilo del parador.
Difícil proceso de soltar
Para Agustín, Posta del Faro es mucho más que un negocio; es un miembro más de la familia. “Fue mi primer hijo. Nació esto antes que Constantino y que Juana”, confesó con emoción.
Tras 15 años de trabajo y de defender el proyecto, reconoce que le está costando “soltar” el parador y la rutina diaria.
A pesar de finalizar la concesión, la familia decidió quedarse a vivir en Claromecó, valorando la tranquilidad para criar a sus hijos y la conexión que han forjado con la comunidad. Agustín incluso planea seguir ligado a la gastronomía, una actividad que descubrió y le apasionó durante este tiempo.
Un cierre con identidad
Para cerrar este capítulo sin egoísmos, organizó un evento especial para Semana Santa. Se trata de un remate público de todo el mobiliario y la decoración del parador. La idea es que los clientes y amigos puedan llevarse “un cachito de Posta del Faro” a sus casas, compartiendo así la identidad que construyeron durante estos años.
Agustín se despide con la satisfacción del reconocimiento público, no solo por el servicio de playa, sino por la calidez humana. “Me voy a sentar el verano que viene a tomarme un café y que me atiendan”, imagina, aunque admite que probablemente lo haga con el celo de quien deja atrás una parte fundamental de su propia historia






