(Por Germán Christensen)
Don Arturo se estaba muriendo, por un cáncer que lo devoraba.
Tendido en la cama de un sanatorio privado de la ciudad de Córdoba, desandaba sus últimos momentos terrenales, sumido en una semi inconsciencia. De a ratos despertaba, para caer nuevamente en un sueño, que pocas horas después, se transformaría en eterno.
Cuando de repente, despertó. Y en ese pequeño lapso de lucidez, miró a su alrededor y murmuró, casi con enojo:
-¿¡Pero quién va a pagar todo ésto?!.
Pronto llegó el final. Y ese hombre admirador de Gandhi, profundamente humanista por convicción, dejó el mundo de los vivos, con la misma simpleza y humildad con la que había vivido. Sin quejas ni reproches.
Y se convirtió en otra cosa.
En un asceta moderno.
Un Apóstol laico.
Dejaba tras de sí, las vivencias terrenales, para transformarse en ejemplo.
En señal.
En leyenda.
En camino, tránsito y destino.
Era el 18 de enero de 1983.
Yo se que Don Arturo no necesita de nuestro homenaje y recordatorio. Somos nosotros los que necesitamos abrevar en su vida.
Mi recuerdo y homenaje, a 43 años de la entrada en la inmortalidad, del Sr Presidente de la Nación Argentina, el Dr Arturo Umberto Illia.






